viernes, 10 de abril de 2015

EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES

Estimados amigos lectores: hace un par de semanas terminé de escribir este texto como gesto de protesta contra la Violencia y la Injusticia generalizada que se vive en nuestro país. No era mi intensión publicarlo hoy, pero en vista de los últimos acontecimientos convulsos que sacuden la sociedad Hondureña, lo publico con la esperanza de que sea leído, compartido y entendido como un Grito de protesta ante la calamidad de este "Mundo" en que nos ha tocado vivir...



EL MEJOR DE LOS MUNDOS POSIBLES

Hoy abrí los ojos enfurecidos desde la lucha que libro porque este mundo deje de dar vueltas sobre un eje imaginario que no hace más que perseverar aquello que es injusto al ser humano.

Abrí mis ojos untados de glóbulos rojizos, acaso ungidos de gritos pidiendo auxilio y consuelo, cobarde  como un pequeño niño perdido dentro de un intrincado laberinto, así he rogado por una mano extendida hacia el infinito para que se me guíe en este asombroso planeta de enemigos gratuitos y odios infundados y diferencias inexistentes.

Durante la noche, cuando he podido conciliar el sueño, mis visones son escabrosas como la cara de la luna, es una revelación carcomida de aquello que deberíamos ser durante estos lapsos de tiempo desprovistos de igualdad o de algo de solidaridad.

He de repetirlo miles de veces, repetirlo hasta que a todos se les rompan los tímpanos anonadados de falsas palabras gratas, he de repetir constante que en este lugar he presenciado el menguar de las mentes y de los espíritus, y que al parecer viajamos a través de esta metrópoli como fantasmas abandonados a la zozobra de la indiferencia que se desprende esplendida desde nuestras pupilas al observar el acontecer de las cosas con la displicencia de un cadáver alivianado.

Ratatata ratatata ratatata, comienza el definitivo retumbar en mis oídos, el desandar de aquellos que no tienen un techo bajo el cual cobijarse de sus enemigos, ratatata ratatata ratatata retumba el corazón de la madre y del padre sin comida para alimentar críos desprovistos de futuro o de enamoramiento social, ratatata ratatata ratatata resuena el golpear de los porrazos que nos han asestado aquellos que desde el Poder ponderan con sus martillos teñidos de dinero la injusticia, ratatata ratatata ratatata caminan los indigentes, yo de su mano, confundido, ¿desde cuándo? ¡sorpresa, ya eres uno de ellos! ya eres uno más que carga la carga de la angustia, ratatata ratatata ratatata marchan los niños abusados y explotados hasta que sus cuerpos piden más dolor pues es todo lo que han conocido, sexo retorcido, sudor excitado, enojo erótico, hermoso masoquismo pueril, ratatata ratatatata ratatata se arrastran los muertos que han sucumbido en mí ciudad por la bala del demiurgo y del marero que fue ese niño abusado y ese niño hambriento y ese párvulo sin escuela, ratatata ratatata ratatata se descomponen en los pasillos oscurísimos las ánimas de aquellos que fueron hermosos antes de que yo naciera, ratatata ratatata ratatata pulsa la envidia de los que poseen la riqueza desbordándose desde sus bocazas envenenadas, desearían ellos secretamente cambiarla por la tranquila existencia de los que habitan los cerros y los botaderos, ratatata ratatata ratatata ya no hay cosas tangibles en nuestras manos, solamente ideas en nuestras cabezas, dejos de esperanza, gritos de revolución, vientos de cambio revoloteando dentro del pecho, ratatata ratatata ratatata en Ratas nos hemos permutado pues la basura de los grandes hombres de la fortuna se acumula a nuestro alrededor y la vamos empujando para que no nos colme, para que no nos sotierren los desechos de los omnipotentes lores que desde los congresos y los palacios y que desde sus cálidas camas de pecados mandan que nosotros seamos sus ciegos con ojos, sus mudos parlantes de esperanza con boca, sus sordos escuchas de noticias de infortunio con oído, en Ratas nos hemos convertido bajo el sol calcinante de estas honduras donde todo se descompone a cielo abierto, y donde casi nadie dice nada que valga la pena sopesar para detener la putrefacción que nos envuelve primorosa.

Y todos los que en esta habitación en la que he despertado me acompañan y brillan como iluminados por la luz de algún dios pagano, desde esa luz que ha nacido entre nosotros y que ya vamos refractando, nos vamos amontonando, vamos vitoreando que vamos a encender este mundo que ha sido convertido en oscuranas por aquellos que siempre vigilan peligrosamente a la vuelta de la esquina, por aquellos que soplan mentiras a los malos-espíritus de los Mandatarios de los mandatos indignos, aquellos que se forjan la idea de ser los soberanos dueños de la verdad hablada y plasmada en tintas sanguinolentas y pútridas, sí, iremos, iluminaremos y venceremos, nos vamos diciendo todos en conjunto amatorio pues es el amor el que nos ha convocado, nos impulsa hacia los horizontes estelares de esta comunidad desprovista de universo o galaxia que quiera mecerla, soplarla o amamantarla.

¡Ay mi ciudad! Cuanta opacidad, cuanta calumnia repartida, cuanta pobreza andante y pasiva, cuando enojo, cuanta energía destructora en las manos del criminal, cuanta basura en mi jardín, cuanto amigo furioso, frustrado, te amo amigo, cuanto hermano relegado, como siento tu aislamiento  hermano, cuanta madre llorando, te amo madre, cuanto padre empujando canteras y estirando cadenas, te admiro padre, cuántos niños olvidando lo que se les enseña porque ya van aprendiendo lo que presencian en el noticiero de las seis de la tarde, la crueldad viva y atractiva cual mujer de alquiler, la amenaza tan bella que no se puede creer que sea ella mí musa, y la violación, esa lujuriosa dama que me horadó y me dejó a merced de tiranos pervertidos y que no se puede olvidar porque es rastro de aquel dolor que siempre ansío, la extorsión de mis sentimientos, de nuestros sueños, el secuestro, las voces encerradas del secuestro aullando por ser liberadas, la voz encantada del Señor Presidente diciendo “vivamos mejor” con la sonrisa de oreja a oreja, el vecino encerrado entre muros y puñales y granadas explosivas esperando que el ejercito de la patria se le venga encima ¡Ay mi ciudad! destartalándose entre novísimas formas de corrupción, esta ciudad exudando el inasible liquido del resentimiento, la ciudad sitiada por autobuses destartalados expulsando humos negros hacia la tarde irradiada por uniformadas autoridades corruptas, evasivas, mí país enredado entre helechos verdosos de dólares lavados, enjabonados, clorados y puestos a secar bajo este sol Caribe que siempre fue arranque de alegría, pero que ahora sólo observa cómo sus calores redentores derriten irremediablemente todo lo que fue bueno y sublime.

Y entonces avanzo, me relevo y avanzo dentro de mí habitación acompañado por todos ustedes, hacia el infinito avanzo, hacia una ventana quizás, de la mano de ustedes que leen esto, con ustedes que escuchan esto, los que están de acuerdo acaso, los que se enfurecen por esto acaso, y los que detestan esto y los que odian esto porque esto es el reflejo de lo que somos, hemos sido o hemos de ser porque para allá vamos, para ese hervidero de gusanos vamos, hemos ido, para allá vamos, ya sea lento, ya sea rápido, para allá nos desplazamos convocando la suerte y a dios, y me pregunto ¿existe dios alguno? Pues ya sabemos lo que nos reveló Descartes, Cogito ergo sum, somos Imperfectos por semejanza a aquel que es Perfecto, pero parece que ya nos hemos resignado porque cada cual agarra su manta y la arrastra por el camino, la enloda en el camino y no la levanta, y mejor ser imperfecto, estar así que estar de orto modo porque no sabemos cuál es ese otro modo y nos da miedo, nos da pavor lo desconocido, aunque sea este viaje el penoso traslado a lo desconocido donde quizá habremos de encontrar cierta redención, pero no, hay que arrástralo todo, no levantar nada, no vaya ser que nos vuelvan a tumbar todo, y entonces el esfuerzo habrá sido en vano, la protesta habrá sido vana, y entonces ¿para qué? ¿Por qué? Suframos mejor, lloremos mejor, pasemos hambre mejor, ya no hay nada que hacer, solamente halemos nuestros harapos y para allá vamos, espérenos, en la cuneta, en el sumidero de despojos de este mí mundo

Y me vuelvo a acordar de esta ciudad que me asquea porque ya no hay nadie que la golpee y le grite a la cara que tiene que despertar porque ha estado narcotizada por mucho tiempo, que por mucho tiempo ha abusado las drogas que nosotros mismos hemos estado usando, colmada la ciudad de alcohol, de mariguana, de cocaína, de pastillas y píldoras para aliviar el peso de la agonía, la ciudad agoniza pero allí va, y sale adelante, y de repente se detiene pero no por mucho tiempo, sólo para inyectarse la dosis, para tragar la justa medida de de su olvido, sólo para aspirar la justa medida de sus desgracias, allí va la ciudad, mírenla, allí va sobrecogida, triste, sucia, maltrecha, violada y vuelta a violar, allí va la pobre dejando a su paso un aliento roñoso.

Y el que tenga algo contrario que expresar que lo manifieste ahora, que lo revele ahora que me pongo a la disposición de todos los que tengan algo que reclamar en su justo derecho puesto que todo lo que aquí he confesado quizás sea mentira, que salgan ya los que habrán de agredirme con sus palabras o con sus armas, que salgan ya y que me condenen como siempre lo han hecho, porque condenado he estado siempre, sólo me ha faltado la cárcel, el recinto físico, la tortura y al dolor de los palos sobre la espalda, los grilletes sujetando mis testículos, pero no duden que siempre he admirado estas desgracias que narro, que grito al cielo y que parece nadie escucha. Por eso asevero que debe aseverarse lo que digo y que para ello necesito también que se me refute, se me contraríe, se me veje, se me quebrante, de nuevo, vamos, no hay más tiempo que perder pues mí tiempo ya es corto sobre este mundo y sobre esta ciudad adorada de vagos, vamos pues, vengan a mí las cuestiones, las preguntas, los insultos, los gritos.

Vengan todos pues de ellos me he alimentado, de ellos me he acrecentado para gritarles esto que les grito, por favor vociférenme porque les bramo, asesínenme porque los asesino con mis palabras malignas, el Genio Maligno me ha alcanzado al fin, háganme sufrir porque sufrir es lo que mejor hago, y siempre habré de hacer mientras pulse y viva.

Pero ya basta de mí, discutamos lo que son todos ustedes, todos los que vislumbran este lugar como quien vela una descascarada virgen en porcelana o una muñeca harapienta y destartalada, discutamos lo que ustedes opinan sobre la existencia en este país de pormenores y por mayores de fábula.

Necesito y anhelo que sea este tararara la semilla de otro discurso, de otro palabrerío que habrá de componer una oda a la resurrección desde los cadáveres que habitan cada escollo de esta metrópoli estropeada.

Y pienso en ustedes, los Estudiantes que deben ser los primeros en acompañarme en este personal grito pues son ustedes los llamados a compactar las primeras filas de la poesía, los laberintos de la filosofía y del arte, a las primeras filas del ejército que habrá de conquistar alguna Dignidad digna de nosotros deben ustedes marchar. Pero de ustedes pienso sinceramente que son irresistiblemente blandos, bellos, necios, quizás panglianos y aburridos pues en su inacción se germina la mala acción de todos los demás, de aquellos que ya les he mencionado y que ostentan el gobierno de las cosas mundanas y sagradas con una autoridad concedida, prestada, pues no les pertenece, pero que utilizan como si fuera suya. Ustedes, los estudiantes de las cosmologías, de la matemática, de las letras y de pergaminos pedagógicos, son ustedes los que deben andar los primeros al frente de la batalla sublime por aniquilar el desasosiego de esta sociedad ceñida de severos lutos, son ustedes los que tienen que vociferar en las aulas de clases dogmáticas y pragmáticas que los que yacen enmascarados allá afuera conforman el verano de los demonios empotrados en su falsa sabiduría satánica. Son ustedes, los más jóvenes y maleables seres de la creación humana-deshumanizada los que deben aborrecer los desmanes de aquellos que se contraponen a sus corazones rebeldes. Opónganse, hagan sedición y ayuno, absténganse del sexo satisfactorio y de sus orgías hedonistas y de la droga satisfactoria y del alcohol satisfactorio y nubloso y aclaren sus mentirositas memorias y apodérense de la verdad. Hay que comenzar de nuevo y nunca volver a ver atrás pues es una pérdida de tiempo, y deben decirse este soy yo, estos somos nosotros, este debo ser yo, acá acurrucado, empujado a la esquina, este soy yo, el que sale cada día enamorado del miedo que acecha en cada esquina donde habrán de robarles la decencia, y donde habrán de arrebatarles también la agitación de sus escasas almas castas.

Pues a la calle, a las aulas, a los libros, de regreso a los semilleros del conocimiento de la Razón y de las democracias ya hace largo tiempo arrojadas durante la noche por el desfiladero de la historia ratatata. Pues a las calles, a los burdeles donde se da mejor eso de la conspiración ratatata, a los estancos sin remedio sorbiendo calambres a media noche y a proclamar que están dispuestos a entregar el alma por un pinchazo de buena libertad y seguridad.

Pues a los campos, a los ciber-espacios, a la covacha del compañero a manifestar que todo esto que conseguimos vivir es deleznable, bajo y demeritorio de nuestra casta ancestral de seres humanos derivados de otros seres humanos que fueron virtuosos en su grandeza Tolupán, Garífuna, Misquita, Maya, Pech o Lenca, y así hasta el comienzo de los días.

Ratatata continúa el resonar de todo esto que les digo como quien desvariando ha cogido por la cintura a la poesía y quiere hacerse con ella para sí y para siempre, mientras afuera, en las calles donde el pavimento se funde con los pies de los mequetrefes en que nos hemos convertido recorremos la ciudad también como putas buscando el pan de cada día, apostados en aceras y callejuelas rebosantes de hollín y de orines pretéritos en el casco histórico.

Ratatata es el sonido de los vicarios de Cristo dentro de sus imperturbables y majestuosas iglesias donde predican la igualdad y la solidaridad y el amor al prójimo solamente entre ellos mismos, olvidados confortablemente ya de las épocas de aquel  vociferante pastor redentor que nunca más volvió porque se dio cuenta que el viaje de regreso no valía la pena.

Ratatata es el zumbar de un mosquito que durante la noche viene y se acerca y nos muerde los pies y la cara y nos deja impregnada la sangre de enfermedades virulentas que descubriremos no tanto en el cuerpo pero dentro del corazón porque somos enfermos que odiamos a los enfermos.

Ratatata es la rasgadura del papel cuando el juez siembra su firma en el documento que aprueba que la corrupción y el desfalco y el soborno y que los amos de los carteles sacros sean constituidos en benefactores legales de esta ciudad maldita y que tanto pesar le causa al asustadísimo Francisco Morazán en su morada subterránea.

Ratatata es el pisar sobre las piedras y el cruce de los ríos por aquel niño que fue enviado al norte a perseguir un sueño, a perseguir a su madre y a su padre asilados allá al norte porque aquí en el sur ya se fregaron los pobres y tienen y quieren emigrar porque la angustia los oprime durante la noche lechosa sin leche en que se han acostado sin comer por enésima vez.

Ratatata son los estruendos de las guerras lejanas donde caen muertos los mismos muertos que cayeron antes en otras guerras que no tienen sentido para ustedes o para nosotros o para ellos puesto que ya no se sabe si las bombas son buenas o malas o si son regalos envueltos en metal y fuego.

Ratatata es el suspiro de los amantes después de haber llegado al éxtasis.

Ratatata es la voz lúcida y contundente de la pensadora Talavera que nos hace pasar la inquisición de la preguntas de la metafísica y de la ética y de la existencia de los hombres ilustrados en los posibles arcanos del cosmos.

Ratatata es el eco acechante de los disparos de sicarios perfumados de ignominia que deambulan por las calles San Pedro Sula.

Ratatata es el llanto quedo de la madre viuda, la hermana viuda, de la prostituta viuda, de la amiga viuda, de la amante viuda, de la mujer viuda de hombre, harem o nación.

Ratatata es la exhalación de la entrega de los sueños que urdimos en la juventud y que fueron aniquilados poco a poco hasta dejarnos vacíos de ensueño.

Y no hay cosa más dolorosa que pensar en esto que me rodea deliberando sobre ustedes, en nosotros mortalmente divididos, en un mundo para todos dividido, en mí mortalmente fraccionado.

Y no encuentro entonces las palabras exactas para continuar expresando la desolación que se aviene a mis primaveras al verlas convertidas en otoños melancólicos pretéritamente, y en inviernos odiosos anticipadamente dentro de este mundo que continúa imparable en la elasticidad de los pensamientos.

Y creo que no hay cosa más maravillosa que ver a mis amigos, a ustedes mis hermanos, sentados bajo la sombra del almendro, de la ceiba milenaria, del roble valioso, leyendo las páginas de la historia, nuestra historia, para no repetir en círculos concéntricos aquellas vicisitudes de días huracanados y noches de borrasca.

Y añoro que el retozar de los párvulos en las callejuelas y las barriadas marginadas se convierta irrevocablemente en el himno que habremos de entonar hacia un futuro totalmente rebosado de ideas e imaginaciones nunca antes imaginadas por los perversos.
Y anhelo, finalmente, que estas inconclusas frases de desahogo encuentren el meandro de su eclosión, la fértil saliente desde donde habrán de germinar y crecer ilimitados ramajes hacia el cielo abierto de Tegucigalpa durante un mes de abril o mayo cuando todos transpiramos el sudor del universo convulso.


Anhelo que todo esto llegue a sus oídos sordos de belleza, a sus bocas vacías de primor, a sus manos vacías como los cuencos de los pobres que se aglomeran, a toda hora, a mis costados.

(c) RAFAEL ÁNGEL VALLADARES RÍOS
Abril del 2015


No hay comentarios:

Publicar un comentario

MIL GRACIAS POR SU COMENTARIO! MUY PRONTO ESTARÉ EN CONTACTO PARA DISCUTIR Y ANALIZAR SU VALIOSO APORTE A ESTE BLOG! DESDE TEGUCIGALPA, HONDURAS.