viernes, 31 de julio de 2015

CUATRO PARES DE OCELOS Y PATAS ROMÁNTICAS (Relato Corto)

CUATRO PARES DE OCELOS Y PATAS ROMÁNTICAS (Relato Corto)
Sé  que él me observa. Sé que ahora posa su quisquillosa mirada sobre mí silueta, y que reflexiona en sus probables acciones. Eso es algo que ya conozco. Yo provoco esa clase de reacciones en las personas. Al contemplarme no saben si amarme u odiarme, si abrazarme o patearme. La naturaleza es así, mí naturaleza es así.

Ya casi amanece. Apenas entran luces en la habitación ya que el día no ha comenzado oficialmente. Oficialmente todavía habitamos las sombras, y en ellas yo encuentro invariablemente refugio.

La penumbra es mi mejor amiga. Desde que nací, ha sido ella la que me ha protegido, la que me ha ubicado en los lugares más seguros de este violento mundo. Y es que debo reconocer que este mundo en que vivimos es sumamente iracundo. Todos los días la destrucción se acumula a nuestros costados, la ira crece entre los que antes se amaban, el odio reside entre muchos que solamente desean la destrucción del otro. Pero yo soy romántica. Pienso que alguna vez el universo cambiará, que todos esos sentimientos y emociones negativas habrán de desaparecer, que llegaremos a vivir sobre un orbe donde todos compartiremos la armonía, la benevolencia, el respeto. Soy romántica, pues anhelo la revolución de todas esas pasiones perjudiciales e innecesarias. Fantaseo que alguna vez habré de liderar esa sublevación de la que hablo. Alguna vez he de liderar un batallón de valientes soldados arácnidos hacia la destrucción de la ignominia y la desigualdad. Será una difícil tarea. La imagino desde aquí, colgada como estoy de este muro, y tan sólo sostenida por mi filamento sedoso, y mis ocho peludas patas, sospechando que estos anhelos son  demasiado ingenuos.

Ahora sí, las luces del alba comienzan a invadir el recinto, y ya voy detectando mejor con mis cuatro pares de ocelos las verdaderas dimensiones de la habitación que habito con Él, con ese joven que sobre su mullido camastro ya se levanta, se despereza. Entonces comienzo a desplazarme lentamente hacia mi refugio, allá arriba, detrás de esa grieta que me da acceso al ático. Me adentro sosegada de nuevo en la incertidumbre.

© Rafael Ángel Valladares Ríos.

30 de julio del 2015.


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