lunes, 8 de abril de 2013

AQUÍ YACEN DRAGONES, Relatos de Fernando León Arana


Aquí yacen dragones Fernando León de Aranoa Seix Barral. 196 pp. 17 e. Ebook: 11'39 e. Care SANTOS | Publicado el 01/03/2013 | Ver el número en PDF Dice Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) en el “Aviso a los lectores” que precede a esta colección de cuentos, que Aquí yacen los dragones “ comienza donde los navegantes daban la vuelta, guiados por la cautela”. Es decir, en el terreno donde acaba la realidad y empieza la imaginación. También se atreve a hacer algunas peticiones que muchos cuentistas suscribirían: que los textos del libro sean leídos en el orden en que aparecen o que el lector se permita una pausa para la reflexión entre cuento y cuento. Confiesa también que sus relatos son una escritura “adúltera”, que practicó por puro placer en los ratos robados a la escritura cinematográfica. Y hace un alegato encendido de la imaginación como complemento necesario a la visión realista que tenemos de nuestra propia vida. No es mala declaración de intenciones. Dicho esto, lo primero que sorprende es que de la mano de un cineasta tan comprometido con los asuntos sociales salgan unos relatos tan fantásticos como estos. La colección la forman 113 microcuentos que ponen el acento en lo mágico. No pretenden observar la realidad, sino trascenderla. No es la verdadera cara de las cosas la que muestran, sino la más escondida y poética. El autor se apoya en un lenguaje musical, preciosista, medido hasta su última sílaba, que quiere ser universal pero en el que de vez en cuando se cuelan algunos latinoamericanismos, como si León de Aranoa se hubiera dejado seducir por la fuerza y eficacia de algunas palabras. Y queda claro que las palabras son aquí algo de verdad importante: no en vano el primer texto se titula “Epidemia” y trata, precisamente, de palabras. Y, además, es estupendo, uno de los mejores del volumen. Lo fantástico, el absurdo, la ternura, la mirada ingenua del niño. Son los ingredientes con los que se ha cocinado este libro, a los que tal vez habría que sumar una pizca de ironía a lo Monterroso, un pellizco de ternura a lo Benedetti y un buen chorro de admiración hacia los grandes, como Cortázar o Borges. Un placer para los amantes del género hiperbreve, desde luego. De entre todos los relatos merecen especial mención el ya citado “Epidemia”, “Las siete tumbas del Sr. Barea”, “Instrucciones para escribir una carta”, “Los libros” o “Diagnóstico”. Aunque el libro completo es un placer que ningún lector debería negarse.

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