viernes, 18 de abril de 2014

GABO, FRANCISCO MORAZAN Y HONDURAS


Una Farsa que Estatua no sea la de Morazán Convertida en especie de leyenda negra, Gabriel García Márquez repitió el falso argumento de los enemigos de Morazán. Con su delirio de la palabra mágica y resaltando los misterios de la imaginación relató que “el monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney, comprada en París en un depósito de esculturas usadas”. William Krehm, hablando de las desdichas de Honduras, retorció los hechos para situar el origen de la estatua entre la tragedia y la comicidad. Aseguró que “la estatua de Morazán, en la plaza de Tegucigalpa, donde la banda toca los domingos por la noche, no es realmente Morazán, como la inscripción lo indica, sino -cosa extraña- el mariscal Ney. La comisión enviada a Europa en el siglo pasado para encargar una estatua de Morazán fue consumiendo sus fondos, y se vio reducida a comprar, a bajo precio, una figura ecuestre del mariscal, fundida para una ciudad francesa que luego no quiso aceptarla”. Con los años esta fantasía fue tomando la forma de una verdad hipotética y se ha venido repitiendo con desaprensión y colmo del ridículo, sólo comparable a la falsa identidad que se atribuye a los pueblos centroamericanos y el deseo exhibicionista de comparar la realidad con la caricatura. Rafael Leiva Vivas, autor del libro “La Estatua de Morazán”, del cual han sido sustraídos los datos que transcribimos, verificó la autenticidad de la estatua, y explicó a LA TRIBUNA que encontrar la información le llevó cerca de dos años, en los archivos diplomáticos de Paris. “No hay duda”, aseguró. Visitó la Asociación de Escultores, en las afueras de Francia. para consultarles si era posible que un escudo pudiera ser borrado o retirado y sustituirlo por otro, refiriendose al Escudo de Armas de la República que aparece en uno de los costados de la éscultura. “Ellos me dijeron que técnicamente era imposible”, afirmó Leiva Vivas, apuntando que existe otro detalle importante que asegura su autenticidad. “Al pie de la estatua está esculpido un cactus y esta planta no existe en Europa”, apuntó el investigador que tuvo en sus manos el libro donde se registra la orden que el escultor dio al fundador de la monumental obra. Tomado del libro de Rafael Leiva Vivas “La Estatua de Morazán”.
Honduras en el discurso Nobel de García Márquez Autor del articulo: Proceso Digital Tegucigalpa. En el momento cumbre de los reconocimientos que a lo largo de su vida recibió el laureado escritor Gabriel García Márquez, Honduras estuvo presente, aunque en forma desafortunada, ya que el escritor quería ejemplificar que lo demente que ve el mundo los hechos de Latinoamérica, en realidad son comunes para nuestro hemisferio. - Durante la aceptación del premio Nobel de Literatura hizo referencia a la estatua de Morazán en el parque Central de Tegucigalpa, señalándola como la del mariscal francés Ney. Ese momento lo representó la aceptación del premio Nobel de Literatura que le había concedido la academia en 1982 y que era el reconocimiento universal a la narrativa de García Márquez y la representación que hacía de Latinoamérica. Dentro de los muchos ejemplos que señaló en el discurso de aceptación sobre lo inverosímil que puede ser la región, el entones laureado escritor señaló: “El monumento al general Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de Tegucigalpa, es en realidad una estatua del mariscal Ney comprada en París en un depósito de esculturas usadas”. Aunque lo señalado era uno más de los varios ejemplos utilizados por García Márquez, la referencia a Honduras no cayó bien en su momento a las autoridades hondureñas de la época, lo que llevó a que elevarán una protesta y a que un grupo de intelectuales escribiera una carta para que García Márquez se retractara de lo señalado. Aunque nunca se conoció que el afamado y laureado escritor colombiano se retractara de su discurso de aceptación del Nobel de Literatura, algunos escritores de la época dijeron que lo había hecho. Los defensores de Morazán señalan que es una especie de leyenda negra el tema del monumento y que solo es otra forma de los anti-morazanistas de denigrar al prócer hondureño que luchó por la unión centroamericana. Aunque, la historia sobre estatua no está clara. En esa misma época en que se firmó el contrato para su edificación, lo hicieron casi simultáneamente el gobierno de Honduras y el de El Salvador, quien incluso encargó dos. Los salvadoreños lo hicieron en 1980 y los hondureños en 1982. Y los dos gobiernos contrataron al ingeniero estadounidense Francisco A. Durini, quien se comprometió a edificarlas en Italia. Autor del artículo, Proceso Digital, 18 de abril del 2014.

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